Apologéticas

Por Luis Schiebeler
publicado en medios regionales


Si la filosofía contemporánea fuera una moneda, carente de valor de cambio, la calvicie rutilante de Foucault sería la cara y la insondable mirada de Heidegger, la seca. Y si las miles de personas entregadas a la pesquisa de sentidos para la vida, la existencia, el devenir, los quehaceres, el trabajo o la sociedad, pudieran recibirla, posiblemente se llenarían de respuestas o al menos de consuelos para los ansiosos incisivos. Este tipo de filantropía que podríamos bautizar como filosofal, sin vestigios de alquimia y sin galopantes parábolas como las de esta intro, se ejerce en la Universidad de Morón, mediante el caudal intelectual de dos de sus notables docentes.

Doctorada en la Universidad de Munich y actual Directora del Doctorado en Filosofía de la Universidad de Morón y de su Instituto de Pensamiento Latinoamericano, Dina Picotti conoció personalmente a Martín Heidegger y obtuvo su anuencia para traducir algunas de sus obras, entre ellas, Aportes a la filosofía, Meditación y Sobre el comienzo. Ha sido Decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Morón y ejerce además la docencia en universidades nacionales y privadas del país. Intelectual de culto, Heidegger fue usina de las corrientes que lo procedieron como el estructuralismo, posestructuralismo, posmodernismo y, siendo epicentro cotidiano de los más impetuosos estudios sobre filosofía, las traducciones de Picotti son leídas con gran frenesí en diversos círculos. Como señaló J.P.Feinman: ”Leerlo es obligación, es estar al día , es manejar los códigos ya instalados en la filosofía, de los que en buena medida se ha apoderado”.

Los supuestos que conforman la gama de certidumbres, cuestiones legitimadas sobre las que no indagamos como la locura, las cárceles, la sexualidad, la clínica, la ciencia, fueron temas que pasaron por el quirófano de Michel Foucault. Este psicólogo y filósofo francés desentramó el nodo de estos engranajes mediante un singular y delicado abordaje fuertemente influenciado por el espíritu radical de la crítica nietzscheana. De diálogo claro y resonante, la Profesora María Cecilia Colombani es una fervorosa foucaultiana que lidera varias cátedras en la Facultad de Facultad de Filosofía, Cs. de la Educación y Humanidades de la Universidad de Morón; entre ellas, Antropología Filosófica, Problemas Filosóficos y Antropología Filosófico-Cultural. Es autora de Hesiodo. Una Introducción critica y Homero. Una introducción crítica, publicados el año pasado por Santiago Arcos Editores y Prometeo le encargó la redacción de un libro sobre Foucault y la Política que proximamente saldrá al mercado. A continuación, ambas docentes reflexionan sobre los aportes y las complejidades del pensamiento de estas figuras insoslayables, casi omnipresentes en el campo de estudio de la filosofía contemporánea.

Dina Picotti

¿Cómo se inició en la filosofía y qué rol ocupa actualmente en su vida?

Después de pensar en tomar una carrera científica, como física nuclear, elegí filosofía al advertir que interrogaba aún más basicamente la realidad, y sigue teniendo para mí ese objetivo, aunque junto con un planteo histórico, en el sentido heideggeriano de historia del ser.


¿Qué pensadores influyeron en su carrera y en su quehacer cotidiano?

Influyeron diferentes pensadores por diferentes razones, entre ellos, en primer lugar, M.Heidegger, por su planteo de un pensar más originario desde el ser como acaecer, su magistral confrontación con la historia de la filosofía y el diálogo con otros modos de pensar y con los signos de nuestros tiempos. Otro pensador influyente ha sido Paul Ricoeur, con su propuesta de hermenéutica de vía larga, los idealistas alemanes, la fenomenología de Husserl, etc.Agregaría que cada pensador importante llama a un diálogo desde su planteo más propio, para poder pensar lo que nos toca.

¿Mientras cursó su Doctorado en Alemania tuvo algún contacto con Martín Heidegger? ¿Qué impresión tuvo de él?

Lo visité en su casa de Friburgo en 1968, al cumplir sus 80 años, para conversar sobre algunos aspectos de su pensar, con referencia a los cuales quería cerciorarme acerca de una adecuada interpretación. Mi impresión correspondió a lo que esperaba, encontrarme con un pensador esencial, pero además me encontré con alguien que no tuvo reparos de conversar amable e interesadamente durante una hora con una mera estudiante, cuando a la vez era celebrado internacionalmente, lo que mostraba su grandeza.


¿La pregunta por el Ser sigue siendo nodal dentro de la Filosofía? ¿Qué lugar ocupa esta pregunta en los sujetos indiferentes a la filosofía (académica)?

Siempre es la pregunta básica que todo hombre en algún momento de su vida se hace -la pregunta por el ser y el sentido- y por lo tanto básica también para la filosofía , aunque la academia o la época a veces la olvide por cuestiones más derivadas aunque importantes, que no pueden ser originariamente tratadas sino desde aquélla, por ej. la pregunta por las posibilidades y los límites de nuestro mundo tecnocientífico, por la crisis del actual orden socio-político-económico, por el sentido de la historia, etc.

“La filosofía es el desafío de un pensar como extravío radical y andar errático” ¿Cuál es el sentido de hacer metafísica o filosofía, si es que existe un sentido?

El sentido es justamente ése, la necesidad de plantear esa pregunta esencial, para poder habitar un mundo y no alienarnos en un pretendido dominio de los hombres y las cosas, a los que es necesario devolverles ser y sentido. El pensar es siempre un desafío, como la vida misma, el desafío de poder andar un camino, de apostar a él en medio de desvíos, correcciones, encuentros y desencuentros, que son propios de lo humano.

José Pablo Feinmann dijo que el último Heidegger ya no pertenece a la filosofía. ¿Cómo describe esas dos etapas en la obra de Heidegger? ¿Tiene predilección por alguna?

No pertenece a la filosofía si tomamos esta palabra en su sentido estricto de pensar metafísico, que se orienta a los entes y olvida el ser en sí mismo. El intento heideggeriano fue siempre el de ‘otro comienzo del pensar’, en el ser como acaecer, ámbito más originario que el filosófico. Por lo cual hablará de un ‘pensar’ que requiere una transformación profunda con respecto al filosófico. No considero que haya dos etapas, sino un camino que se va definiendo en este sentido.

A propósito de la relación entre Heidegger y el Nazismo. ¿Por qué demandamos extremada coherencia, neutralidad o compromiso, y actuamos a modo de fiscales de lo legítimo frente a las grandes figuras del pensamiento?

Porque se espera mucho de los pensadores, pero lo que no me parece acertado es que no se los tome adecuadamente por tales a través de una confrontación histórica, un diálogo desde nuestro lugar con el suyo, para tratar de comprender de qué manera respondieron a sus propias exigencias y qué tarea se nos ofrece a nosotros por cumplir.

¿Existe alguna connotación del nazismo en la obra de Heidegger?

Es un tema ya bastante discutido, con planteos acertados y desacertados. Hubo en él como en Nietzsche y otros pensadores alemanes la esperanza de un orden político que respondiera a las exigencias históricas alemanas. Pero su obra es una decidida crítica a todo sistema y a la metafísica en tanto posibilitadora del mismo y de lo que él llamaba nuestra época de sistematización total, donde todo es reducido a objeto y mercancía.

¿Qué opina sobre su negación a retractarse de la posición que tomó durante el ascenso del nazismo?

Creo que ha sido más elocuente su silencio, dado que su obra habla con creces y claramente.

¿Cuáles son las mayores dificultades que se le presentan frente a la comprensión y traducción de los conceptos y términos del alemán al español en la obra de Heidegger?

Es siempre una tarea difícil la de llevar un pensamiento, sobre todo tan elaborado linguisticamente como el heideggeriano, al espíritu de otra lengua. La dificultad está para mí, no tanto en comprender, sino en encontrar palabras y expresiones en español que respeten y repliquen en lo posible las expresiones del autor, que emplea a menudo una familia de palabras para desplegar finamente un contexto de sentido


María Cecilia Colombani

¿Cuáles son los aportes de la obra de Foucault a la filosofía y qué vigencia tienen?

Foucault es un pensador brillante que en realidad se inscribe en una línea de fuerte revisión de la filosofía occidental, que, creo que hay que buscar en Nietzsche, como antecedente de una tarea de subversión. En algún texto Foucault dice que el gran impacto que el pensamiento nietzscheano produjo sobre él fue la intensidad del mismo. Foucault hereda esa misma intensidad, esa pasión por los campos de saber que lo inquietan y que fueron muchos y de variado registro.El de Foucault es un pensamiento nomádico, siempre en movimiento, buceando en territorios que parecen ser patrimonios de otras disciplinas.

¿Podemos aprovechar alguna teoría de Foucault para nuestras vidas?

Un concepto pertinente a esta pregunta es la idea del pensamiento como caja de herramientas. Foucault piensa el pensamiento desde una vertiente política, ya que constituye la herramienta para interpretar la realidad y modificarla. Si pensamos, por ejemplo, en las herramientas de la genealogía, tema central de reflexión foucaultiana, podemos indagar cuáles son las condiciones de posibilidad de una determinada emergencia, situación, coyuntura histórica, etc. Nosotros mismos podemos leernos a partir de ese ejercicio de saber por qué, cómo y desde qué bases impensadas somos lo que somos, hemos llegado a ser esto que somos. Esto permite vislumbrar que las cosas son de una determinada manera pero podrían haber sido de otra, rompiendo todo pensamiento esencialista.

¿Fue Foucault quien introdujo el estructuralismo en la filosofía?

Foucault se ha encargado de decir que él no es un estructuralista. Hace unos años tomé un seminario con Etienne Balibar en su visita a Bs. As. y ubicaba a Foucault en la corriente posestructuralista. Yo adhiero a esta postura, sobre todo a la luz de ciertos juegos de tensiones al interior del propio concepto tradicional de estructura que el pensamiento de Foucault parece oxigenar.

Dentro de la episteme uno no piensa, es pensado, uno no habla, es hablado, uno no actua, es actuado. ¿Puede el hombre superar la estructura?

La cita está bien elegida para pensar la clausura del sujeto al interior de la estructura. No es esto todo el pensamiento foucaultiano. Sin duda hay páginas y páginas donde Foucault analiza las distintas matricerías y usinas productoras de subjetividad, pero también hay páginas y páginas sobre la complementariedad de las nociones de poder y resistencia. Yo creo que el Foucault más alejado de un posible halo estructuralista es el Foucault del último período, el llamado período ético, donde la preocupación recae sobre la constitución del sujeto, no desde la usina que produce y moldea, sino desde las artes de la existencia, desde el cuidado que los sujetos se prestan. La vida se convierte entonces en acto ético y estético y desde allí se resiste, se crea la diferencia que rompe la homogeneidad del sistema.

El antihistoricismo y antihumanismo radicales de Foucault generaron fuertes polémicas en un contexto donde imperaba la idea de un sujeto sartreano. ¿Qué lugar ocupan en la actualidad aquellos postulados de Foucault?

Una vez más, hay que ubicar las frases-cliches que ubican a Foucault en el medio de polémicas, que él nunca hubiera despreciado, por otra parte. Foucault se instala en otro concepto de historia, donde se jerarquiza la singularidad del acontecimiento, quizás menor, desapercibido para esa Gran Historia, pero ahora absolutamente relevante en la singularidad de su emergencia. Con respecto a su antihumanismo, al menos resulta paradojal en un pensador que no ha hecho más que hablar del hombre; sucede que ya no habla del Hombre, del concepto con mayúsculas y esencia previa, inscrito en la tradición metafísica. Es ese hombre, tal como sostiene Tony Negri, a propósito de Foucault, el que ha muerto. Sólo quedan hombres en el marco de la pura evanescencia del devenir. Para este asesinato, ya Nietzsche había consumado, sobre finales del siglo XIX, el histórico parricidio de la muerte de Dios.

El Hombre es una invención reciente de nuestro pensamiento y su fin está próximo(M.F.) ¿Qué lectura hace de esta afirmación y qué relación advierte con la “posmodernidad” y la crisis del sujeto?

La reciente invención del hombre alude al nacimiento del hombre como objeto de saber. El Hombre, y las mayúsculas son adrede, ha perdido su viejo sitio de esplendor metafísico y sufre la herida de ser uno más entre los posibles objetos de saber. Si por crisis entendemos esta pérdida del sitial-reinado, efectivamente hay crisis del sujeto, y como en toda crisis hay expectativa de una nueva configuración, de un nuevo orden entre las palabras y las cosas, para utilizar un término foucaultiano, de una organización diferente de las piezas del juego, que será móvil, histórica y siempre producto de las tensiones de fuerzas. Algo de esto se advierte en el posmodernismo: la muerte de Dios pulveriza toda verdad última, todo fundamento último y sentido absoluto; la diferencia se introduce a través de ese pensamiento múltiple y multisemántico, de cierta levedad metafísica frente al viejo modelo filosófico.

¿Foucault lector de Borges?

Hay una referencia a Borges, por todos conocida, en el prefacio de Las Palabras y Las Cosas, texto emblemático del primer período de Foucault, donde se preocupa por la constitución histórica de los saberes. Allí cita Foucault parte de un cuento de Borges, El idioma analítico de John Wilkins, donde se hace referencia a una enciclopedia china que parece incorporar en su clasificación elementos inéditos, heterogéneos al modelo esperado de taxonomía. Foucault ve en ese texto borgeano, que parece disfrutar mucho y causarle risa, cómo aparecen elementos extraños, insisto con el término, heterogéneos a un determinado régimen de saber, que lo discontinúan, que le rompen la certeza que la misma clasificación dona en su utopía de orden. La apropiación del texto borgeano es fantástica; recala allí donde una idea, en este caso, fuerte en el pensamiento de Foucault, encuentra anclaje.

¿Cuáles eran las críticas de M.F. hacia el psicoanálisis?

En realidad su crítica se inscribe en la línea que cristaliza en Deleuze y Guattari en un texto emblemático de crítica al Psicoanálisis que se llama El Anti-Edipo. El triángulo edípico padre-madre-hijo, de singular apropiación psicoanalítica, no sería una verdad atemporal, originaria y esencial de la naturaleza humana, sino una forma construida, un relato posible, ficcionado y utilizado para limitar el deseo y secuestrarlo al interior de la dramática familiar y así evitar su diseminación. Secuestrar en términos foucaultianos significa fijar, territorializar, tecnología habitual del poder para impedir flujos indeseados.

¿Qué incidencia tuvo la homosexualidad en la obra de Michel Foucault?

La homosexualidad entre los griegos y cristianos como núcleo de problematización moral, mucha. Su homosexualidad, no sé y poco importa, más allá de ciertas referencias autobiográficas a padeceres juveniles. Me refiero a la primera. Foucault problematiza el término homosexualidad, un concepto tardío, que él ubica sobre finales del siglo XIX, y propone una genealogía del sujeto del deseo para ver cómo juega el concepto de sexualidad, que él entiende como una experiencia, a lo largo del tiempo. Para ello va a buscar la configuración grecoromana, haciendo una hermenéutica del hombre del deseo entre griegos y romanos, que pretendía que llegase hasta el mundo cristiano; parece efectuar una cierta tarea de excavación para despejar ciertas capas y demostrar que la sexualidad no constituye una invariable histórica, sino una construcción epocal.

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1 comentario

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Una respuesta a “Apologéticas

  1. Leí toda la entrevista. Con respecto a la parte de Heidegger, y el principal punto donde tooooooooooooodos nos centramos, el nacionalismo y su adhesión al nazismo creo que “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.”. No justifico el apoyo, pero sí creo que hay que leer en contexto, al igual que escuchar a Wagner en contexto también, así como al genio contemporáneo Lars Von…. y… Ricardo Yorio, viejaaaaaaaaaaa!!!
    Con respecto a las dos últimas preguntas (y respuestas) de la entrevista, Foucault es un pensador brillante, creador de conceptos, receptor como pocos, esteticista y estilista ( a lo Jacobson: “el estilo es la decepción de una espera”) como pocos. En fin, la tríada padre-madre-hijo es estructural, desde la dialéctica, hasta Pierce, pasando por los mitos griegos, romanos u orientales, hasta cualquier tipo de terceridad que pueda abarcarse. La homosexualidad es producto de la modernidad y la falsa moral victoriana, como claramente destaca Foucault en su última etapa ética y estética. Es brillante y fundamental.

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