Precintomientos

Por Luis Schiebeler
Cómo sería el frescor de un devenir lejos de tus manos de precintos.
Cuán poderoso sería uno de mis deseos fabriles, si pudiera agrietar el pensamiento circular del que sigo preso. De que me sirven los lenguajes, si tu mirada tajante hace trizas o rebanadas todo intento de). Cómo me entumece esta furia de saber que aunque estallara en millares de signos, tu permanencia inalterable sufriría apenas un sensual parpadeo. Lyon fue quien sólo en fracción de segundos lo percibió y a la sazón omitió, una digresión acaso, intempestiva.
El flagrante elixir del umbral, sensorial, fuiste vos nena, pero el amor virginal son los cabellos del alba de mañana.
Hemos recorrido un largo trecho muchacha. Nos habitan sentimientos y emociones que han sabido pegar latigazos y replegarse, como la víbora, como la lengua que titila cuando erotiza.
Abanicarnos con las historias que nos fallaron; eso debimos hacer, eso te quise hacer comprender. Y decíme, cómo prosigo, qué queda en pie, sólo tengo tus precintos que me pesan, que me encorvan. Ni siquiera alcanzo recordar cómo logran desprenderse de ellos en las películas.
Decíme que hay una llave, dale decímelo.
Y que no te la tragaste por eso de la tiroides, eso que tratabas de explicàrmelo y siempre me aburría.

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