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100 % arty y synthético

Por Luis Schiebeler
A mediados de los 80´ nadie podía evitar al menos silbar la pegadiza canción “Cést l’ouate” que en fonética argenta se reproduce celaua, de la actriz y cantante francesa Caroline Loeb. La letra de este tema, grasa y zalamero, como la mayoría de las canciones de esa década que dejaban tarareando a todo el mundo, habla de la obsesión por el algodón (l’ouate) como superficie o material hedonista que siente una francesa perezosa y adinerada. Mas allá de que las sensaciones que pueda generar esta canción (como la de recordar a Joan Collins sacándose el corsé de encaje en la película The Bitch) la composición no es tan insustancial como parece. Desde luego que es insulsa y distante pero también es sensual e incita bailar fríamente. Tiene sobrios arreglos de sintetizadores, de guitarras y un bajo elegante como base que le provee la estructura disco. Los coros que dicen “cést l’ouate” son ingenuos y rústicos mientras que la voz central que casi ni entona, canta con altanería. Si encima las melodías escasean y no hay rastros de emoción,¿qué tiene entonces de atractiva la canción de Loeb?. Que se baila con sensaciones desangeladas y taciturnas un tema que roza lo plástico, aunque parezca una de esas canciones que vienen de demo en los viejos teclados Casio tones. Que se toma dimensión de que una canción pop amateur interpretada con actitud y mesura puede ser un hit y hacer bailar a cualquiera.

En efecto, lo que sorprende es encontrar acaso estas ideas en una banda que proviene del sur de Alemania y que desde luego no tiene un pelo de vulgaridad. Ellos son Pollyester, el dúo de Munich que este año lanzó su primer disco “Earthly Powers” bajo el sello Permanente Vacation. Este álbum que lleva en mismo título del famoso y extenso libro de Anthony Burgess, tiene 11 temas potentes y el cover de Happy Mondays “24 hours Party People”. Casi todos son bailables y al menos cuatro tienen la efectividad de un corte de difusión. “Pikant”, “Round Clocks”, “Concierge d´mour” y “German love letter” además tienen sus videos de difusión en los se pueden advertir la afinidad de la banda con la estética noir. La prensa británica no tardó en pegarles un sticker identitario tildándolos de progenitores del “Cosmic Disco” y que están cerca de Can, The Slits, Siouxie y Nico, sin embargo esas no son más que ineludibles fulguraciones sonoras. Porque si creen así, se olvidaron de Devo, Wire y Kraftwerk, entre otros. Tampoco hacen Kraut Disco per se como le adjudican porque es notorio que están mas forjados por el Disco que por el Kraut. Lo cierto es que Pollyester ofrece un trabajo contundente, una amalgama de géneros con canciones tan frescas y sugestivas como inclasificables. No le hacen lugar a las guitarras. La elegante variedad de canciones está bajo una estructura compositiva en la que prevalecen los bajos de la cantante Polina Lapkovskaja, (ex Kamerakino y vocalista del album debut de Mook & Toof) las baterías Manuel da Coll (que toca también en La Brass Banda) además de las capas de sintetizadores con sonidos creepy que propician lo distintivo de a la agrupación.

Polly la noir

El estilo y el ingenio de la cantante de Pollyester va jalonando también la vida nocturna de Munich. Polina Lapkovskaja (26) alcanzó notoriedad también por ser la organizadora y dj de Zombocombo Nights, una serie de fiestas que combinan arte preformativo con música disco y que ofrecen una mirada irónica de la sociedad. Estas fiestas que tienen lugar una vez por mes, las vienen haciendo durante cuatro años y según aclara su web es lo mas impredecible que puede haber en la escena clubber de Alemania.

Da gusto dejarse impresionar gradualmente por bandas flamantes e inmiscuirse en los matices de sus composiciones.
Enhorabuena, Pollyester no imita, sino que conecta con esa especie de halos que dejaron bandas únicas y de culto. Hacen de la levedad y lo plástico del formato disco, algo refinado y arty. Y quizá la fórmula para hacer buena música sea esa, “estar full time en el arte”. Por algo en su web remarcan que el cover que hacen de Happy Mondays se llama “24 hours Arty People”.

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El “color esperanza” del éxodo

Muestra “Los emigrantes” Susana Bonnet.
Salón de Pasos Perdidos.
Universidad Nacional de Buenos Aires.
Facultad de Derecho.
18 al 31 de octubre 2002

Por Luis Schiebeler

Ventanas que incitan al exilio, pequeñas puertas que se abren hacia otras orillas; la fuga, la fiebre del éxodo y la adversidad de la patria son las sensaciones que respiran los óleos de la artista plástica Susana Bonnet, que hasta el 31 de octubre expone sus obras en el Salón de los Pasos Perdidos de la Facultad de Derecho (U.B.A.)

En la muestra titulada “ Los emigrantes” Bonnet representa con provocadores matices de colores a desolados personajes que deambulan extraviados en profundas intemperies.

Desde el desarrollo cromático de los óleos, la irradiación de fuertes colores da lugar a una espaciosa perspectiva que devora a los pequeños contornos de figuras humanas, que emigran sobre una vasta naturaleza abstracta.

Los cuerpos de los itinerantes se lucen abandonados a una desolada desnudez, y sus rostros famélicos expresan la búsqueda de nuevos terrenos fértiles para el trabajo digno y la propiedad.

A través de la creativa distribución de los espacios, la elección de los colores y el atinado aspecto de la anatomía, la artista logra conectar el corazón del público con la situación de desarraigo que en la actualidad sufren muchos de los argentinos sumados al masivo éxodo nacional.

Con sólo caminar por el Salón de los Pasos Perdidos, la original plasticidad de Bonnet ( quizás con algunos vestigios de fauvismo o expresionismo) alcanza a seducir al sensible espectador a perderse en el incierto mundo de “Los emigrantes”.

Hoy más que nunca, donde la coyuntura padece la peor crisis de la historia argentina, el compromiso de los artistas en retratar a la realidad, debe cumplir un rol de suma relevancia, ya que estas obras penetran directamente en el imaginario colectivo de la sociedad y generan una reacción solidaria para la recomposición de la cultura y de la dignidad nacional.


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Guardianes de lo efímero

Entraron a trabajar en el teatro San Martín con menos de veinte años y hoy muchos de ellos están por jubilarse. Unos lo consideran su segunda casa, otros reconocen que es donde se criaron y aprendieron de sus maestros. En la nota que sigue, los trabajadores de Luminotecnia, Maquinaria Escénica y Utilería del Complejo Teatral de Buenos Aires comparten sus experiencias, anécdotas y reflexiones sobre el oficio.

(Crónica publicada en el número 22 de la revista TEATRO del Complejo Teatral de Buenos Aires)







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Sí Logo

Diseño Gráfico con compromiso social.
Publicado en Revista Transferencia

Por Luis Schiebeler

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Palermo Hollywood is not dead

Por Luis Schiebeler
Arte o vandalismo, moda inagotable o nuevas vertientes que le vuelcan contundencia a su sentido tradicional. La calle como plano nítido para el artista irreverente. La infracción, la intervención gráfica sobre superficies de espacios que presuponen condensar la somnolencia de la cotidianidad. Decoradores genuinos de los muros que no dicen y a los que les otorgan lengua e identidad. Chicos inconformes que flirtean con una o varias ideologías juntas, o que diseñan las propias con los remanentes de otras. Estas ideas, trilladas o no, fueron jalonando la tentativa de este cronista a inmiscuirse con los ejecutan una específica rama del Street Art; sin embargo, durante la charla compartida con algunos de ellos, fueron otras las cuestiones que dejaron entrever, acaso nunca abordadas por la prensa.

Amoeba es una, acaso la única banda de skate rock porteña. Sus conciertos reviven los años dorados de ese género americano del hardcorepunk. Cada canción es, desde luego, un homenaje, una imponderable verificación de una década que vigorizó la furia del punk cuando en Inglaterra parecía decantar hacia su post o a la llamada new wave. Mi severino no dudaría corea en uno de sus temas Tester, el cantante de la banda, evocando la rabia del ícono anarquista de Severino di Giovanni. En cambio, es el arte urbano el costado que más le sienta y lo identifica a Tester, de modo que se lo contactó para una entrevista. El plan de filmarlo mientras pintaba en la calle quedó trunco ya que estaba montando la muestra que estrenaba en la semana entrante. Asimismo, el encuentro se fijó para el domingo a las 20 en Post Bar , ubicado en el corazón de Palermo viejo, donde en el primer piso funciona Hollywood in Cambodia, una galería consagrada al arte callejero y cuya utilización quedo en manos de algunos artistas urbanos luego de proponerle al dueño como trueque, la decoración del bar con diseños del street art.

El que pinta no habla
El bar era como cualquier cervecería salvo los casi dos mil stencils, entre ingeniosos y meramente decorativos, que cubrían casi todos los sectores y que le daban su singularidad. Tester baja de la escalera en musculosa blanca, bermuda y auriculares colgando. Advierte que estaba armando su muestra con un amigo y que disponía de poco tiempo para charlar. Se le propone filmar a priori, mientras ordena su exposición con algunas preguntas intermitentes sobre un tema del cual se ya ha hablado hasta el hartazgo. Sin embargo, dio a entender que no era conveniente porque además no es costumbre de ellos que los registren intempestivamente. La insistencia de llevar adelante el plan de este cronista, no solo desató su largo mutismo y ni amagó a emitir una simple digresión con relación a su obra y menos sobre el arte urbano, durante la hora y pico que duró el encuentro

Testimonio del que cura y monta
Adentrados en la galería, Tester señala con el pulgar izquierdo a quien relata este texto y sin levantarse del piso, un joven con zapatillas de skate se presenta, no sin desgano como un integrante- mentor más de la galería H.I.C. además de ser quien cura y monta la muestra de su amigo llamada Colección Náufraga.
A modo de intento para subsanar el tiempo y las expectativas empeñadas en esta nota, la pregunta crucial se planteo sin rodeos: qué piensan de quienes pueden discernir las lecturas culturales y refractarias de sus trabajos en la calle y que les resulta indiferente o se indignan al ver que se apropian de contenidos que corresponden a otros momentos, donde quizás sí cumplían un sentido fidedigno, y que reflotarlos ahora no solo es exhibir su vacío de contenido original, sino su reciclaje en pos de un afán mercantil (…) gente que en los ’80 se conmovían con el disco Holiday in Cambodia de los Dead Kennedys y hoy relacionan eso a lo comercial, a lo vintage. Tester escuchó a medias pero se dirigió a atender a unos turistas europeos mientras su compañero reincorporándose desde el piso arremetió: nosotros no tenemos nada que reivindicar ni nos importa lo que a la gente le pasa; ni lo que te pasa a vos, que decís que ya no te interesa los temas que nosotros pintamos porque antes era para un grupo selecto y ahora cualquiera puede acceder y apropiarse de lo que quiera, y quizás con el mismo espíritu de un época anterior. Por ejemplo, en este momento en la galería tenemos una plaga de turistas que atender y a un alcahuete más que quiere meter en un molde todo lo que hacemos. Este es un ejemplo de cómo no pasamos desapercibidos.

Al acecho
Mientras Tester les pasa los precios de sus obras a los turistas en las paredes se dejan apreciar como acorraladas, una serie de láminas, maderas, cartones y collages encuadrados que al paso recuerdan a trabajos de Alberto Greco o Basquiat, a figuras de Raquel Forner con los ingredientes tipográficos de David Carson. Nuevamente dominado por el plan de obtener un registro visual al menos de esos trabajos, quien narra esto empezó tomar fotos hasta que finalmente el autor de la muestra lo invitó a retirarse y a pasar en otro momento mas propicio para una conversación.

Saverio el cruel
Ya fuera del bar, la mente de este cronista un poco aturdido por las falsas expectativas, trató de hacer un racconto mental para saber qué material resultaba periodísticamente útil. Y mientras tarareaba el pegadizo mi severino no dudaría también recordó haber leído que el cantante de Dead Kennedys fue demandado por los ex miembros de la banda por no permitir que su canción “Holiday in Cambodia” se usara para un spot de Levi´s. Hoy desde Palermo Hollywood la idea de graffitear el rostro de Severino Di Giovanni y de cantar sobre toda su bravura, sigue quedando pintoresco.

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