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La tristeza de porcelana

Por Luis Schiebeler
(Review del disco debut de Porcelain Raft “Strange Weekend” publicada en IndieHearts)

Un salón de bodas vacío. Globos en los rincones del piso que parecen respirar exánimes. La bola de boliche que gira cansina sobre los restos de un decorado ya inútil.Videos caseros que se siguen proyectando en una pared, mientras que en la mente del hombre taciturno, reverberan las muecas y rumores de una celebración que no fue.El desconsuelo en los pliegues del vestido, en el centro de mesa, en el souvenir de porcelana. Estas imágenes y sabores que una wedding planner nunca podría preveer, nos deja Strange Weekend, la opera prima de Mauro Remiddi, más conocido como Porcelain Raft. Luego de sus autogestionados eps Curve 2010 y Gone Blind 2011, y sus singles Collection of Porcelain y Fountain´s Head, el músico italo-londinense debuta bajo el sello Secretly Canadian, con un disco pleno de evanescencias melancólicas, sin refritos y con el mejor sleepwalking pop (estilo que Remiddi prefiere que rotulen a su música). Las canciones son sólo una decena, bien finas y emanan las maduras nostalgias de un músico que, cercando los cuarenta, sabe administrar la dosis de solemnidad y dramaticidad, y sin caer en revisionismos. Acaso lo mas hype aunque distintivo del álbum son la suma de bases electrónicas con arreglos de shakers; le siguen los sintes apenas secuenciados, los retazos de loops y todo bajo un sonido envolvente, camaroso que bordea elegante por los espacios del dreampop y shoegaze, aggiornando y priorizando desde luego, la complicidad de llevarnos de sensaciones gélidas a la candidez más ensoñadora.


Driftin In And Out, Unless You Speak From Your Heart y Put Me To Sleep son el puñado de canciones notables del disco que aunque no llegan a ser hits, nos sumergen en esas melosidades que dejaron Cocteau Twins y The Cure, pasando por el sonido que barajan los actuales Beach House y M83; banda que el italiano está taloneado actualmente por España. Le siguen Picture y Shepeless &amp Gone, los tracks más románticos noventosos y en los que el registro vocal de Remiddi aparece más afectado y femenino. La misma cadencia dark, aunque más reservada e instrumental se advierte en Backwords, Is It Too Deep For You y If You Have a Wish.

Strange Weekend no tiene grandes innovaciones; aún así es un disco confiable y suavemente onírico. Como destinado a los que se siguen enajenando en esos devenires imperceptibles. A quienes se quedan anonadados en los acontecimientos emotivos. O simplemente al que le gusta abrazarse y bailar un “lento” con su sombra.

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Change or Die


Por Luis Schiebeler
(review del disco Ten$ion de Die Antwoord, publicada en IndieHearts)

¿Cuánto se puede sostener la astucia del pastiche, de la parodia y lo intertextual?¿Hasta donde aguanta un concepto que se vale de éstos recursos? Y si acaso fuesen renovables ¿podría surgir algo auténtico? Lo nuevo de los sudafricanos Die Antwoord, se titula Ten$ion (2012) y es tan vigoroso y nasty como $O$(2009) aunque todo ese big making que los llevó de gira con M.I.A. y llamó la atención a David Lynch, ya se advierte un poco exánime.
“I Fink U Freaky” es el corte de difusión y parece que insisten con ese combo de euroforia pastillera y hip-hop de blancos que le llaman rap-rave. Aún así, a la flamante canción no le faltan ni los susurros creepies e infantiles de la cantante Yo- Landi Vi$$er, ni el liriqueo grotesco de Ninja, el otro MC, y menos el menjunje de beats de Hi -Tek, el dj. Es un tema bien sintético y bailarlo sería como moverse con tres al mismo tiempo; como si sonaran Technotronic, Aqua y House of Pain a la vez. Sin embargo, es en el videoclip donde la oferta de los sudafricanos parece flaquear, pese a la impresionante dirección artística del gran fotógrafo norteamericano Roger Ballen. El clip muestra en blanco y negro una especie de certamen de baile como de freak style en un sótano todo corroído. Se ven máscaras, serpientes, ratas, insectos, dibujos siniestros y arcaicos, mientras Yo-Landi corea con su típico acento afrikáans (lengua de los colonos holandeses en Sudáfrica) “I think you are freaky and i like you a lot”. Ahora bien, ¿hacía falta exacerbar la estética lumpen – marginal que los identifica? Como si nadie se hubiera dado cuenta de eso en sus clips anteriores “Zef side” y “Evil Boy”, que llegaron a tener millones de visitas en You tube. Además, la estética trash está tan trabajada, tan cuidada y cifrada que, empezar a sospechar de la a priori condición freak de la banda, ahora parece otra obviedad.

De todas formas, Ten$ion es un disco coherente que no salió por Interscope Records como $O$ sino por Zef Recordz, el nuevo sello de la banda. Abre con “Never Le Nkemise I”, un track bien electro, distorsionado y dubstep. Le siguen “Zefside Zol” y “Fatty Boom Boom”, puras bases tribales que en la línea de M.I.A. arrojan mística.”Hey Sexy”, “So What” y “Baby’s On Fire” son quizás los mas flojos y chiclosos, que van de un sonido boys band al clásico white rap. El cierre está cargo de “Never Le Nkemise 2”, algo así como Justice tocando eurotrance en una Love Parade.

Die Antwoord, significa “la respuesta” en afrikáans (lengua germánica) y la tendrán acaso, cuando su público se aburra de verlos bizarrear y empastichear canciones. Baricco dice que toda mutación es dolorosa, siempre imperfecta e incompleta, de modo que no queda otra que desearles un feliz cambio de piel.

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Alunizados para siempre



Por Luis Schiebeler
(Review de Air-Les Voyage dans la Lune(2012), publicado en IndieHearts)

Que Groupama Gan y Technicolor, las dos fundaciones que lideran la conservación de obras maestras del cine hayan seleccionado a Air como banda sonora de la centenaria y restaurada película de los hermanos Meliés “Viaje a la Luna”, es una decisión tan acertada como correspondida. No solo ubicó al dúo francés en una posición honorable de su carrera, sino que además esta epónima obra del séptimo arte de culto quedó afortunadamente revitalizada en virtud del maduro trabajo de la banda. De modo que, estimulados por su aporte en este film de catorce minutos, Air decidió ampliar sus motivaciones musicales y el 7 de febrero lanzó oficialmente su séptimo álbum de estudio inspirado en la película. Un disco bien somático que late de realismo y en el que se advierte el proceso artesanal al que se sometieron para estar en consonancia con la otrora cadencia lúdica y experimental de los Meliés al descubrir las posibilidades del famoso kinetoscopio. La agrupación integrada por Nicolás Godin y Jean-Benoit Dunckel explicó que quisieron transmitir narraciones lunáticas valiéndose de percusiones y algunos efectos caseros. Y efectivamente es lo más destacable del disco, aunque ya lo hayan explotado en Virgin Suicides (2000). Tambores de orquesta y sonidos ululantes de sintetizadores que parecen sirenas antiguas son los que predominan en el álbum y que arrojan intensidad a los climas apoteóticos.

De los once tracks, los primeros ya anticipan la presencia de las baterías con sonidos gordos y secos. Hay ingeniosos arreglos de tones grabados en simultáneo como en Seven Stars, de sello bien de Air y que cuenta con la voz de Victoria Legrand (Beach House). Sonic Armada es otro magnífico tema, casi progresivo con un genial desmadre de sintetizadores hacia el final. Una amalgama de estilos, sonidos synths y heavies se advierten en Parade y Cosmic Trip; remitiendo este último bastante a The World Hurricane de Virgine Suicides. Le siguen Moon Fever, un track onírico, meramentre ornamental, cinematográfico y Lava, en el que meten un arpegio de banjo en medio de un clima bien galáctico. Who am I es acaso lo más flojo del disco y es el que cuenta con el aporte de las integrantes de Au Revoir Simone.

Air se sacó las ganas. Pudo canalizar sus lunáticas obstinaciones y nada menos que con la obra que inauguró el cine de ciencia ficción. Bajaron en música lo que los Meliés flashearon con el kinetoscopio de Edison. A todo ese pandemónium lunático, con bufones, astrónomos, magia y lirismo de “Les Voyage Das La Lune”, los franceses le ponen su impronta Moog, sideral y procurando el leit motiv del film.
Las detracciones inevitables, obviamente las recibieron en su país por tratarse de una osadía para con un hito nacional del cine.

Catorce años atrás la banda ranqueó alevosamente con el magistral Moon Safari (1998). Hoy, piloteados por la eminencia de los Meliés parece que alunizaron nuevamente para ratificar que sus fulguraciones musicales, son inagotables.

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100 % arty y synthético

Por Luis Schiebeler
A mediados de los 80´ nadie podía evitar al menos silbar la pegadiza canción “Cést l’ouate” que en fonética argenta se reproduce celaua, de la actriz y cantante francesa Caroline Loeb. La letra de este tema, grasa y zalamero, como la mayoría de las canciones de esa década que dejaban tarareando a todo el mundo, habla de la obsesión por el algodón (l’ouate) como superficie o material hedonista que siente una francesa perezosa y adinerada. Mas allá de que las sensaciones que pueda generar esta canción (como la de recordar a Joan Collins sacándose el corsé de encaje en la película The Bitch) la composición no es tan insustancial como parece. Desde luego que es insulsa y distante pero también es sensual e incita bailar fríamente. Tiene sobrios arreglos de sintetizadores, de guitarras y un bajo elegante como base que le provee la estructura disco. Los coros que dicen “cést l’ouate” son ingenuos y rústicos mientras que la voz central que casi ni entona, canta con altanería. Si encima las melodías escasean y no hay rastros de emoción,¿qué tiene entonces de atractiva la canción de Loeb?. Que se baila con sensaciones desangeladas y taciturnas un tema que roza lo plástico, aunque parezca una de esas canciones que vienen de demo en los viejos teclados Casio tones. Que se toma dimensión de que una canción pop amateur interpretada con actitud y mesura puede ser un hit y hacer bailar a cualquiera.

En efecto, lo que sorprende es encontrar acaso estas ideas en una banda que proviene del sur de Alemania y que desde luego no tiene un pelo de vulgaridad. Ellos son Pollyester, el dúo de Munich que este año lanzó su primer disco “Earthly Powers” bajo el sello Permanente Vacation. Este álbum que lleva en mismo título del famoso y extenso libro de Anthony Burgess, tiene 11 temas potentes y el cover de Happy Mondays “24 hours Party People”. Casi todos son bailables y al menos cuatro tienen la efectividad de un corte de difusión. “Pikant”, “Round Clocks”, “Concierge d´mour” y “German love letter” además tienen sus videos de difusión en los se pueden advertir la afinidad de la banda con la estética noir. La prensa británica no tardó en pegarles un sticker identitario tildándolos de progenitores del “Cosmic Disco” y que están cerca de Can, The Slits, Siouxie y Nico, sin embargo esas no son más que ineludibles fulguraciones sonoras. Porque si creen así, se olvidaron de Devo, Wire y Kraftwerk, entre otros. Tampoco hacen Kraut Disco per se como le adjudican porque es notorio que están mas forjados por el Disco que por el Kraut. Lo cierto es que Pollyester ofrece un trabajo contundente, una amalgama de géneros con canciones tan frescas y sugestivas como inclasificables. No le hacen lugar a las guitarras. La elegante variedad de canciones está bajo una estructura compositiva en la que prevalecen los bajos de la cantante Polina Lapkovskaja, (ex Kamerakino y vocalista del album debut de Mook & Toof) las baterías Manuel da Coll (que toca también en La Brass Banda) además de las capas de sintetizadores con sonidos creepy que propician lo distintivo de a la agrupación.

Polly la noir

El estilo y el ingenio de la cantante de Pollyester va jalonando también la vida nocturna de Munich. Polina Lapkovskaja (26) alcanzó notoriedad también por ser la organizadora y dj de Zombocombo Nights, una serie de fiestas que combinan arte preformativo con música disco y que ofrecen una mirada irónica de la sociedad. Estas fiestas que tienen lugar una vez por mes, las vienen haciendo durante cuatro años y según aclara su web es lo mas impredecible que puede haber en la escena clubber de Alemania.

Da gusto dejarse impresionar gradualmente por bandas flamantes e inmiscuirse en los matices de sus composiciones.
Enhorabuena, Pollyester no imita, sino que conecta con esa especie de halos que dejaron bandas únicas y de culto. Hacen de la levedad y lo plástico del formato disco, algo refinado y arty. Y quizá la fórmula para hacer buena música sea esa, “estar full time en el arte”. Por algo en su web remarcan que el cover que hacen de Happy Mondays se llama “24 hours Arty People”.

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