Archivo de la etiqueta: Ricardo Piglia

Desperezador de lectores

Por Luis Schiebeler

En el mapamundi de la literatura de Ricardo Piglia algunos temas y figuras notables de la historia política, social y literaria se advierten como países cuyas fronteras se disuelven y se reterritorializan en otros relatos para perpetuar la riqueza de sus legados. Macedonio Fernández, Gombrowicz, Borges, Arlt, Joyce, Faulkner, Perón, el anarquismo, la izquierda nacional, los inmigrantes y la tradición son algunos de los polos arborescentes de su rizoma narrativo. Una y otra vez el autor vuelve sobre ellos con otras variantes y sentidos y que devienen como si fueran objetos de color dentro de un caleidoscopio que al girarlo inician un relato ficcional distinto.

En Prisión Perpetua, Respiración Artificial, La Ciudad Ausente y en el ensayo Formas Breves se perfilan como fasciculados, discontinuos y en ellos funcionan a modo de pivotes temáticos claves: lo relativo a la acción de narrar y lo narrado en sí. “Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario; lo que es superfluo en una historia es básico en la otra” describe Piglia en Tesis sobre el cuento, del libro Formas Breves.

En cambio, es la estructura del lenguaje, del idioma, sus potencialidades y experiencias que proveen sus limitaciones y elasticidad que llevan al autor a esbozar desde sus personajes ficticios un laboratorio de experimentos sobre prácticas discursivas fuera de convenciones verbales.

En La Ciudad Ausente hay un relato llamado Los Nudos Blancos donde en una supuesta clínica unos neurólogos advierten en el personaje clave de la novela, como zonas orgánicas donde se preserva el código verbal y la memoria del lenguaje. Después en la historia de La Isla (que alude a la comuna anarquista que Macedonio Fernández ideó con el padre de Borges y otros amigos en la frontera con el Paraguay hacia fines del siglo 19) sus habitantes dicen: “añoramos un lenguaje más primitivo que el nuestro. Los antepasados hablan de una época en las que las palabras se extendían con la serenidad de la llanura”. Y explican además las alteraciones que la acechan: “El lenguaje se transforma según ciclos discontinuos que reproducen la mayoría de los idiomas conocidos, los habitantes hablan y comprenden instantáneamente la nueva lengua pero olvidan la anterior”.

El mismo capítulo describe también cómo las creencias, las perspectivas del mundo y del hombre parten del lenguaje y la literatura: “La tradición dice que el lenguaje se modifica en las noches de luna llena (…) piensan la patria según la lengua, el concepto de frontera es temporal y sus límites se conjugan con el tiempo de un verbo (…) la única fuente escrita es el Finnegas Wake, lo consideran un libro sagrado porque siempre pueden leerlo sea cual sea el estado en que se encuentre la lengua (…) los comentarios sobre este libro definen la tradición ideológica de la isla”.

En el último capítulo de la novela llamado En la Orilla, Piglia retoma las ideas esbozadas en los Nudos Blancos y en La Isla pero en boca del mentor de la máquina mujer, el Dr. Russo: “Macedonio había descubierto la existencia de los núcleos verbales que preservan el recuerdo, palabras que habían sido usadas y que traían a la memoria todo el dolor. Las estaba anulando de su vocabulario, trataba de suprimirlas y fundar una lengua privada que no tuviera ningún recuerdo adherido. El escribía y hablaba el inglés y el alemán así que mezclaba un idioma con otro para no rozar la piel de las palabras que había usado con Elena”.

La cuestión del lenguaje se desglosa además en dos historias que cuenta la máquina. Una referida a una niña que cree que su vida se proyecta en cosas y los artefactos que la rodea. Creía vivir dentro de un ventilador hasta que un día lo apagaron y perdió el habla. La afasia de la niña logra morigerarse mediante la música y el relato de una historia única por parte de su padre que le repiten con pequeñas variantes para asentar la palabras y un modelo de realidad. La otra es sobre primer anarquista argentino, un gaucho que conoció a Enrico Malatesta en una inundación que los juntó tres días a ginebra y galleta mojada, en un techo, hablando como podían, con dibujitos señas, hasta que el italiano lo convenció de las verdades libertarias.

Años después en los ensayos Formas Breves , Piglia vuelve sobre estas concepciones macedonianas sobre el lenguaje no sin introducir a Gombrowicz. En Notas sobre Macedonio en un diario describe el ideario que éste barajaba sobre la antinovela, el antirealismo, la creación de un nuevo lenguaje como máxima utopía y la idea de convertirse en un inédito; “hasta que no llega Gombrowicz, es como que Macedonio no tiene con quien hablar sobre el arte de hacer novelas”, deduce.

Gombrowicz en su Diario Argentino dice Piglia explica que hay un tartamudeo propio del lenguaje argentino que es como un da, da, do, da que es interno a las palabras.
“Ese señor Fernández sabía escribir, tenía una idea del ritmo” a lo que Piglia agrega Macedonio es el único que ha sabido transmitir ese toctoc, toctoc de galope criollo en el estilo”.

Sobre el autor de Trasatlántico, Piglia publicó dos años atrás un artículo en La Nación donde aclara la importancia del escritor polaco en la literatura universal. “El castellano de Gombrowicz es el idioma de la desposesión, lo aprende en los bares del puerto, con los obreros, los marineros que frecuentaba; una lengua que está cerca de la circulación sexual y del intercambio con desconocidos (…)lo inferior, lo inmaduro, se cristaliza en esa lengua en la que se ve obligado a hablar como un niño”.

En la trastienda de los relatos de Ricardo Piglia se condensan micromundos conceptuales en los que la literatura, filosofía, política y arte se van interconectando y se vinculan hasta los márgenes que admite el lenguaje. Escribe historias acaso con la cadencia de la oralidad que preservan los grandes dilemas de la escritura.

Disfrutar de la obra de este escritor equivale a aceptar de antemano un compromiso para arrojarse por sus vericuetos narrativos, eficaces, para adentrarnos en sus magníficas e inasibles formas de relatar historias o multiplicidades de una misma. Es sentir enhorabuena el desperezamiento, la desterritorialización y el desarraigo personal de los que esperamos el deleite seguro, de los que leemos con expectativas de toparnos con las sorpresas directas y que consumimos literatura al acecho de buenos relatos servidos en bandeja.

1 comentario

Archivado bajo Literatura